Las palabras de Benedicto XVI desde el Imperio Abril 19, 2008
Posted by visionpolitica in Política, religión.Tags: Benedicto XVI, Libertad, Política, religión
3 comments
Ha culminado la visita de Benedicto XVI al “imperio”, como algunos catalogan a los Estados Unidos. Una visita que despertó muchas expectativas, y que las ha superado por completo. Una visita pastoral – para algunos política – en la que el Papa Benedicto XVI ha hecho claros llamados al respeto de la libertad, a la promoción de la paz, de la solidaridad y de la justicia social.
Fue propicia la ocasión para animar a los católicos, ¡ciudadanos corrientes!, a vivir responsablemente, cooperando en el desarrollo de la nación. “Confío en que mi presencia pueda ser fuente de renovación y esperanza para la Iglesia en los Estados Unidos y refuerce la voluntad de los católicos de contribuir más responsablemente aún a la vida de la Nación, de la que están orgullosos de ser ciudadanos”, dijo en su primer discurso en la Casa Blanca. Quedó claro. Un llamado a vivir como buenos ciudadanos en la vida civil.
También recordó la necesidad del respeto a la libertad religiosa, al que tienen derecho todos los hombres en donde sea que se encuentren; y más allá de pedir este derecho para los católicos, dio muestras de un verdadero espíritu de libertad al decir que “La defensa de la libertad es una llamada a cultivar la virtud, la autodisciplina, el sacrificio por el bien común y un sentido de responsabilidad ante los menos afortunados”. “Además – continuó – exige el valor de empeñarse en la vida civil, llevando las propias creencias religiosas y los valores más profundos a un debate público razonable”.
Llevar “los valores más profundos a un debate público razonable”. ¡Qué gran trabajo tenemos por delante! Porque mientras el propio George Washington reconocía la importancia de la religión y la moralidad como “soportes indispensables” para la prosperidad política, hoy se vive en muchos países un espíritu laicista deformante y agresivo, que pretende obviar la verdad de la moral, y peor aún, pretende privar al ser humano de la posibilidad – necesidad más bien – de creer en Dios.