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Día Mundial Humanitario Agosto 19, 2009

Posted by visionpolitica in General, Política, comunicación, educación, familia, religión.
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El 19 de agosto del año 2003 perdieron la vida 22 personas en el ataque que sufrió la Oficina de Naciones Unidas en Irak. Hoy, seis años después de ese lamentable incidente que dejó de manifiesto la intolerancia humana, nos reunimos para conmemorar el Primer Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, con la finalidad de reflexionar sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro, pero sobre todo para rendir justo homenaje a todo el personal de asistencia humanitaria de tantos organismos e instituciones del mundo, incluido el personal de las Naciones Unidas y el personal asociado, que ha trabajado en la promoción de la causa humanitaria y a quienes han perecido en el ejercicio de sus funciones, como fue el caso de Sergio Vieira de Mello, en aquel momento Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y Representante Especial en Irak del Secretario General de la ONU.

 

La experiencia demuestra que la sola razón – la inteligencia – no basta para solucionar los problemas, así como no basta el dinero para erradicar la pobreza y el hambre. Nuestra sociedad, cada vez más globalizada, nos hace más cercanos, es cierto, pero hemos de reconocer que no necesariamente nos hace más hermanos.

 

La política es más que simples técnicas para determinar los ordenamientos públicos, y la democracia es más que exigir nuestro derecho a votar en las elecciones. Debemos comprender que los conocimientos técnicos no bastan para resolver los problemas económicos y sociales de un país, es necesario saber cómo dirigir esos conocimientos, cómo lograr una distribución justa, reconociendo y apoyando, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales. Los políticos, los gobernantes del mundo, estamos llamados impostergablemente a  vivir y a promover una justicia social con solidaridad hacia todas las personas. Y nos preguntaremos ¿Por qué la justicia social? Pues, porque la justicia social es el objeto y, por tanto, también la medida intrínseca de toda política.

 

 

El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política. “Un Estado que no se rigiera según la justicia se reduciría a una gran banda de ladrones”, dijo una vez San Agustín.  En este sentido, la asistencia humanitaria y el trabajo que día a día realizan miles de hombres y mujeres, busca la construcción de un orden social, estatal y mundial más justo, mediante el cual se de a cada uno lo que le corresponde, y cada nueva generación debe renovar su compromiso de manifestar sus esfuerzos para este fin.

 

El malestar de un pueblo es directamente proporcional al tiempo que ha estado sometido a la falta de justicia social. Y no me refiero únicamente al sometimiento a vejámenes físicos, sino también a la falta de soluciones y a no prestarle importancia a los verdaderos problemas del país.  Es hora de que prestemos mayor atención a las solicitudes de los más desfavorecidos del planeta, es hora de que hagamos real lo posible y no de que vendamos falsas esperanzas hablando de hacer posible lo necesario, lo que por obligación y por el ejercicio de nuestras funciones tenemos que hacer para propiciar el bien común, el respeto a la vida y a la dignidad de las personas.

 

Amigas y amigos todos, mientras no vivamos la solidaridad con justicia social, es decir, con caridad, como nos ha invitado el Papa Benedicto XVI, todo seguirá igual. Seguirán las brechas y las brechas traerán como consecuencia más violencia, porque sólo el trato equitativo, justo, solidario, es capaz de propiciar un desarrollo con un carácter más humano y humanizador. Una asistencia que no esté basada en la igualdad de oportunidades y en la caridad no pasará de ser mero asistencialismo. Los más desfavorecidos demandan de todos y cada uno de nosotros una preocupación sincera por sus problemas, así como acciones concretas para ayudarles a lograr un desarrollo humano sostenible que les garantice una vida digna.

 

Cabe reconocer la gran labor que, bajo la coordinación de Naciones Unidas, realizan miles de trabajadores de cooperación quienes entregan sus vidas a la labor humanitaria, alineando el idealismo con la acción, y los principios con la práctica. Sus quehaceres de forma abnegada y sin intereses políticos, son vitales para la aceptación necesaria de parte de todos aquellos preocupados por que la asistencia a los necesitados sea suministrada de manera neutral e imparcial, independientemente de la religión, el género o la raza.

 

Una asistencia humanitaria integral debe tener presente que:

 

  • La persona es la clave de una globalización más humana
  • Es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones”[1].
  • La defensa del derecho a la vida humana es parte indispensable de un verdadero desarrollo
  •  La cooperación internacional necesita personas que participen en el proceso del desarrollo, por tanto, se hace fundamental la promoción y valoración de vocaciones de personas que participen con sus esfuerzos en esta noble tarea.

 

Los más desfavorecidos exigen que ante los grandes problemas de injusticia en el desarrollo de los pueblos, actuemos con valor y sin demora. Esa es nuestra misión: practicar una asistencia humanitaria solidaria, con ahínco y sin descanso, extendiendo a nuestros hermanos nuestras manos amigas. El trabajo por hacer es inmenso, pero nos sentimos optimistas de que todos tenemos la voluntad de construir el mejor mundo posible, de modo que las generaciones venideras puedan vivir en un ambiente perenne de prosperidad, hermandad y paz.

 


[1] Benedicto XVI. Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación 2007.