Ni un minuto de silencio
El accidente aéreo en el que perdieron la vida 11 personas es un hecho que, por más que se quiera, no se puede ocultar. Como tampoco se ha podido ocultar que en 2006 murieron cientos de personas por consumir medicamentos contaminados de la CSS. Menos aún se pudo ocultar que ese mismo año, otras 18 personas fallecieron calcinadas en un autobús que carecía de las mínimas medidas de seguridad para el transporte de personas.
Ahora, tras el accidente aéreo del SAN–100, corremos el riesgo de quedarnos impávidos ante ese hecho que merece una explicación y acciones consecuentes. Callar, por temor a que se crea que es politiquería, no es responsable.
Permítanme decirlo: ¡No es politiquería decir la verdad! ¡No es politiquería exigir responsabilidad! ¡No es politiquería llamar la atención ante la desidia y el desinterés de las autoridades que llegan al poder gubernamental, por el poder en sí, y no para transformar el país! No es politiquería enfrentarse con rectitud a aquellos que hablan de transparencia, y a la hora de la verdad, muestran una dicotomía entre lo que dicen y lo que hacen. Quedarnos cruzados de brazos es limitar nuestra participación en la democracia, es ser cómplices, es olvidar que todos tenemos algo que aportar al mejoramiento de nuestra sociedad.
Ante una situación como esta, hay que exigir que se deslinden responsabilidades. En la Asamblea Nacional o el Senado de otro país ya se habría citado al ministro de Defensa, Interior o Justicia para que diera explicaciones. Dicho ministro tendría que enfrentarse a una batería de preguntas por parte de los miembros del Gobierno y la oposición. La oposición panameña presentó una solicitud de citación al ministro de Gobierno y Justicia –le correspondía hacerlo–, pero los diputados del Gobierno dijeron “no”, aunque quieran disimularlo bajo la táctica de las “abstenciones”. Cuando logren convocarlo –si es que lo hacen– será para que conteste un cuestionario, que previamente se le habrá enviado y que responderán sus asesores.
El caso del SAN-100 trasciende las fronteras nacionales y nos compromete frente a un país hermano. El Gobierno y el pueblo chileno merecen explicaciones, como también las merecemos todos los panameños y panameñas por este y por tantos otros incidentes que corren el riesgo de quedar en el olvido. No podemos guardar ni un minuto de silencio más, ante hechos inauditos como los acontecidos. Tenemos el deber de abogar para que en Panamá, algún día, impere la justicia, la honradez, la responsabilidad y un verdadero respeto por la dignidad de las personas. En esta misión juegan un papel muy importante los medios de comunicación social. Confiamos en ustedes para que, a través de una labor profesional, logren que brille ante todo la luz de la verdad.
Giancarlos Candanedo
Artículo publicado en la sección de Opinión del diario La Prensa, el 4 de junio de 2008
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